Ya siendo conocido en todos los lugares y mares queda que te conozcan más arriba, más alto, en aquel lugar donde moran los dioses.
De nada sirve alcanzar los sitios más elevados y gritar tu nombre y tus aspiraciones. Nada se obtiene visitando todos y cada uno de los templos constriudos y dedicados a las diversas divinidades adoradas en la Tierra.
Hay que desafiarlos para que decidan posar su mirada en un determinado mortal. Tampoco obtienes resultado aunque insultes o desafies a esos dioses en sus templos. Tienes que ir a su terreno.
Por suerte, el pretender alcanzar su morada ya es considerado un desafio.
En la antigüedad bastó con proponerse un basto desafio en forma de edificio. Una construcción tan grande que llegara a pasar las nubes. Ese majestuoso y monstruoso bloque de piedras supuso tal ofensa a los dioses que como primer castigo decidieran impedir que la comunicación entre los hombres no fuera posible. El segundo castigo fue derribarlo. El tercero fue la venganza de sangre de uno de ellos. Los tres castigos fueron impuestos. Solo uno fracasó.
domingo, 16 de mayo de 2010
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